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El
Camino del Cristo Vivo Por Don H. Compier
La Escritura, la dirección profética, el conocimiento y el
discernimiento en la comunidad de fe tienen que andar mano a mano para
revelar la voluntad verdadera de Dios. Sigan esta senda, que es el
camino del Cristo Vivo, y descubrirán más que suficiente luz para el
viaje en adelante.—Doctrina y Pactos 163:7d
En las líneas finales del párrafo siete de la sección 163 nosotros, la
Iglesia, somos llamados a buscar continuamente la verdadera voluntad
de Dios. Los seres humanos siempre tienden a concluir erróneamente que
nuestros juicios fáciles representan la mente divina. Hoy día muchos
proclaman que “la Biblia lo dice, lo creo y así es”. Pero el discernimiento
del genuino intento de nuestro amoroso creador nunca es así de fácil o
directo. ¡Tenemos que trabajar juntos por ello!
También, no debemos intentar de aferrarnos a creencias correctas, como si
nuestro acuerdo mental fuera fidelidad suficiente en si. Conocer a Dios
significa caminar juntos en la senda que se nos revela. La voluntad de Dios
es una manera de vida comunal definitivamente señalada a nosotros por
Jesucristo. Y nuestro discernimiento continuo es una jornada, no una
destinación. A lo largo de nuestra vida el círculo de acción y reflexión, la
búsqueda de más fidelidad a los propósitos de Dios, nunca termina. Algunas
veces nos cansamos y contemplamos si verdaderamente hemos progresado. Pero
debemos contar con la promesa: siempre tendremos “más que suficiente luz”
para seguir avanzando a medida que seguimos a Jesús.
Así que ¿cómo descubrimos la voluntad de Dios? Los teólogos como yo por
mucho tiempo han estado en debate sobre la pregunta. Hablamos sobre
“fuentes” o “autoridades”. Para muchos de nosotros las Escrituras eran la
autoridad principal para los cristianos. Párrafo 7 implica lo mismo por
dedicarse la mayoría de su atención a las Escrituras y por ponerlas en
primer lugar en la lista de lugares a donde ir para buscar la voluntad de
Dios.
Artículos previos en esta serie ya nos han dado maravillosas perspicacias
sobre este indispensable testigo. Pero el consejo a la iglesia trae más
complejidad por asumir unas totalmente diferentes fuentes adicionales para
considerar: “guía profética, conocimiento y discernimiento en la comunidad
de fe.” ¡Que intrigante! ¿Cuáles nuevas definiciones pueden expresar estas
ricas palabras?
Guía Profética
Las historias del Antiguo Testamento sobre profetas demuestran que ellos
recibieron un llamamiento poderoso al actuar como portavoces para El Sagrado.
Dios los insta a denunciar la injusticia social. Yaveh demanda que ellos
siempre hablen a favor de los marginados: el pobre, las viudas y huérfanos,
los extranjeros. Los profetas están demasiado preocupados por la situación
apremiante del presente de la gente para preocuparse sobre los problemas del
distante futuro. Recuerdan a sus oyentes que si no dejan de seguir a sus
falsos dioses, que los llevan a oprimir a otros, van a ver serias
consecuencias. Sin embargo más allá del juicio, portavoces de lo divino
siempre dan vista a la promesa del reino apacible de Dios. La guía profética
dada a la iglesia, entonces, siempre conecta la voluntad de Dios con nuestro
llamamiento como pueblo comprometido a la paz y justicia para toda la
creación. El evangelio de Lucas nos recuerda repetidamente que el propio
Jesús compartió un fuerte sentido de la misión profética.
En la Comunidad de Cristo le llamamos al líder de nuestro movimiento un
profeta. ¡Qué maravilloso que usamos un título con tan ricas asociaciones
bíblicas! Cualquier nombre que usemos, sin embargo, Sección 163:7d nos
recuerda que cualquier comunidad saludable debe respetar su liderazgo.
Debemos considerar cuidadosamente las perspicacias obtenidas por aquellos
llevando sobre sí la mayoría de la gran carga de buscar el bienestar de todo
el cuerpo de Cristo.
En la sociedad moderna altamente individualista, debemos recordarnos que
mientras no necesitamos autoritarismo, ciertamente nos beneficiamos
del ejercicio de autoridad genuina. Este énfasis nos anima a pensar
primeramente en la voluntad de Dios como algo para todos nosotros enlazados
en comunidad, no sólo para individuos. Esta era la manera de Jesús. El
teólogo Dietrich Bonhoeffer le llamó “el hombre para los demás”.
Conocimiento
¡Qué término maravillosamente inclusivo! Reúne los entendimientos
recolectados de tradiciones, el ejercicio del razonamiento humano en todos
campos de investigaciones, y experiencias individuales y colectivas. También,
pueden envolver sabiduría de las diversas culturas de la tierra y
expresiones de la fe humana. La fe es una relación viviente y espiritual con
Dios. La fe busca entendimiento y encuentra expresión en ideas, pero también
se mantiene como un lenguaje no verbal del corazón y del cuerpo.
La Comunidad de Cristo ha reconocido por un largo tiempo que conocimiento
viene por estudio y fe (D y P 85:36a) — ¡ambos son compatibles! He aprendido
que conocimiento va mano a mano con humildad. Yo defino la virtud de
humildad como la realización que siempre tenemos más que aprender. En las
palabras de un himno conocido Inglés, “¡El Señor tiene más luz y verdad para
ser revelado!” Siempre tenemos que ser una comunidad que nutre y acepta la
curiosidad. Animamos el uno al otro escuchar todas las voces del
pueblo, quienes están hechas a semejanza a Dios. Si nos mantenemos humildes,
podremos llegar a oír la voz de Dios en lugares y acentos sorprendentes.
Jesús había estudiado las tradiciones de su gente. Él había aprendido a leer
la Biblia Hebrea y se refería a menudo a sus historias y enseñanzas. Él bien
comprendía la situación de su gente bajo la ocupación romana. Él había
escuchado sobre la situación apremiante de aquellos quienes eran marginados,
tocando a los leprosos para restaurarlos a los lazos de la comunidad y
defendiendo los derechos de las mujeres sujetas a ser rechazadas por sus
maridos. Y Él había tomado mucho tiempo para desarrollar una relación fuerte
con al que llamaba abba o “papi”.
Sin embargo Jesús se mantuvo siempre abierto a recibir nuevos entendimientos.
Cuando conoció a la mujer cananita de las regiones de la costa, al principio
demostró sospecha de ésta que adoraba ídolos que era parte de los
negociantes que explotaban a los granjeros de galilea. Pero cuando demostró
su devoción a su hija enferma, aguantando humillaciones con gentileza por su
bienestar, Jesús se dio cuenta que esta madre tenía una fe ejemplar. Él
estaba dispuesto a cambiar su perspectiva y afirmar la gran sabiduría
revelada por un enemigo previo (vea Marcos 15:21-28).
Discernimiento en la Comunidad de Fe
Buscamos saber la voluntad de Dios para nosotros como pueblo. Así que
estudiamos e interpretamos la escritura. Consideramos la guía profética del
liderazgo de nuestra iglesia. Respetuosamente atendemos al conocimiento
derivado de múltiples fuentes. Siempre nos mantenemos abiertos a nuevas
perspicacias, de dondequiera que vengan. ¿Cómo reunimos todo esto para
encontrar la senda en la cual debemos andar?
Como es usado en las tradiciones cristianas, discernimiento se
refiere al proceso de encontrar la voluntad de Dios por medio de la oración,
meditación y deliberación concienzuda con otros en comunidad. Debemos
razonar y discutir y orar y luchar juntos. Aunque un individuo llega a un
entendimiento profundo, involucrando a otros miembros de la Iglesia afinará
y refinará la idea. Y por supuesto enseguida aprendemos que lo que parecía
obvio para nosotros no trabaja para otros una vez lo han considerado
críticamente. Nuestro movimiento siempre ha mantenido el valor del común
acuerdo. Jesús inmediatamente buscó reunir un grupo de amigos, ambos
mujeres y hombres. Él sabía, aunque Él era su maestro, que Él necesitaba el
compañerismo y apoyo de ellos.
Cuando yo enseño teología, les digo a mis estudiantes que el escuchar es
mucho más importante que el hablar. Desarrollamos nuestros puntos de vistas
después de cuidadosamente considerar las perspectivas de compañeros valiosos
en el camino, pasado y presente. Y les recuerdo que personas quienes han
estudiado teología no se hacen expertos con todas las respuestas. En cambio
ganamos habilidades por medio de facilitar buena conversación. Servimos a la
iglesia así como todos juntos tratamos de expresar nuestra opinión pública,
al compartir la senda que debemos tomar. En un tiempo cuando nuestro
movimiento se ha vuelto realmente global, abarcando una gran variedad de
culturas, debemos intentar respetuosamente escuchar el uno al otro más que
jamás lo hemos hecho
Nuestra dirección debe ser “el camino del Cristo vivo”. Recientemente
instruí a un grupo de líderes de la iglesia quienes habían sido enseñados
que la Biblia no contiene errores. Lucharon con pasajes que parecían apoyar
genocidio (Josué) y la inferioridad de mujeres (I Timoteo 2). Inspirado por
el espíritu de la sección 163, les di este consejo: “Cuando estén en duda ¡sigan
a Jesús!” Jesús siempre trató a las mujeres como iguales. Jesús afirmó el
amor universal de Dios para toda la gente. En la jornada difícil en la cual
nos encontramos como pueblo profético buscando el reino de Dios, Jesús es
nuestra guía. Y Jesús nos enseña que al final nuestras acciones, nuestra
manera de vivir, cuentan más que ninguna otra cosa.
La búsqueda por el común consentimiento es turbia y toma mucho tiempo. Esto
demanda la activa participación de todos nosotros. ¡Discernimiento es
trabajo difícil! No es sorpresa entonces en ser tentados a aceptar
respuestas sencillas. Sólo queremos que la Biblia o las autoridades de la
iglesia nos digan qué hacer. Pero en la Comunidad de Cristo siempre hemos
mantenido la importancia del libre albedrío. El libre albedrío es más que
escoger libremente, más que simplemente decir "sí" o “no” a las
proposiciones. El Espíritu nos llama a ser agentes responsables, haciendo
historia con Dios.
Abrazamos el llamamiento cristiano a la madurez espiritual. Como adultos
responsables nos esforzamos con otros para tomar decisiones difíciles y
actuar sobre ellas. Aceptamos como hecho que en asuntos humanos, aún
espirituales, siempre hay lugar para ambigüedad e interpretación diversa.
Abrazamos la promesa de seguridad, pero la certeza absoluta se nos escapa en
esta vida. La fe involucra confianza y el coraje de decidir una y otra vez
andar la senda difícil marcada por Jesús. No nos olvidemos que para Él esa
senda lo llevo a la cruz.
La Sección 163 una vez más nos llama a embarcarnos en una aventura. No
sabemos exactamente a dónde nos llevará esta senda o qué va a demandar de
nosotros. Sin embargo tenemos suficiente para la jornada, y de cierto nos
sobra para compartir con otros. Tenemos la compañía de Jesucristo. Tenemos
el apoyo y compañerismo de sus discípulos de cada parte de la tierra. Y
tenemos la gloriosa promesa de Sión, una tierra renovada con abundancia y
gozo para todos. Encontremos la senda juntos. ¡Es tiempo de irnos!
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